Los Pericos brindaron un show de lujo en versión acústica

El teatro de Capital enmarcó una excelente oportunidad para disfrutar de la música reggae, en su costado más íntimo.

 

Texto por Nahuel Messina/ nahuel@pelagatos.com.ar

Fotos: gentileza de Edgardo Andrés Kervokian (kvkfotos)

Sábado 23 de marzo del 2013. Teatro ND Ateneo, Buenos Aires, Argentina.

 Pocas cuadras me separaban de la calle Paraguay y Suipacha, allí donde un tumulto de gente esperaba para entrar a las salas del ND Ateneo. En la entrada, el nombre que anunciaba la vitrina era el de una banda que jugó un influyente rol en lo que llamamos nuestro “rock nacional”. 26 años de historia marcados por un inicio exitoso pero prematuro, una madurez que sufrió cambios tan radicales como la salida de su vocalista estrella, y un nuevo renacer; hicieron de Los Pericos lo que son hoy en día.

 Me frené ante ese afiche y pensé en toda la carga simbólica que los envuelve como banda. Esta noche la propuesta intentaría ser especial: la clave “acústica” viene siempre acompañada de la promesa de exponer lo cotidiano de una manera alternativa. Más allá de eso, el teatro es por naturaleza un espacio atractivo. Solo hubo que sentarse y esperar a que el sábado se convierta domingo, y por suerte, los primeros minutos de concierto arrancarían junto a las melodías de Natural Mystic.

  Lo que oía era música reggae teñida por una extraña onda jazzera; solo quedaba dejarse llevar. Me sentí a gusto, y noté que los músicos también. Todo el público se encontraba relajado sobre las butacas, la energía emanada desde el escenario causaba eso. Arriba, solo un personaje permanecía de pie, era Gastón Gonçalves, quien seguía el riddim con el bajo pegado a su camisa hawaiana. Babel fue el primer tema de autoría original, y un aluvión de globos cayó desde las plateas. Una tras otra y sin avisar, las canciones se fueron escurriendo. El infalible Runaway, Complicado y aturdido, Lindo día, y una hermosa versión de La mirada, se llevaron los primeros aplausos . Mucha experiencia llevó a Juanchi a despegarse del centro y recostarse en un pequeño sofá de las esquina, mientras que su guitarra era tocada por Martín Gutman, ex perico e invitado de la noche.

 Por un momento tuve la impresión de que todo era demasiado sereno. Waitin´, clásico de clásicos, se amalgamó a Nada te importó, y luego a una de las mejores interpretaciones de la noche. Eso es real trascendió la galaxia por su exquisito solo de trompeta. Las luces se encendieron un momento, otro artista invitado subiría las escaleras. Manuel Moretti, vocalista de Estelares, recitaría junto a Juanchi las estrofas de Sin cadenas. Fue una seguidilla de canciones que concentraron la esencia compositiva de Los Pericos, y que culminó perfectamente con Pupilas lejanas.

 Si bien no había transcurrido mucho tiempo, me di cuenta que seguía sentado en mi butaca. Lo disfrutaba, era puro oídos, pero aún faltaba el magnetismo físico que siempre caracterizó a Los Pericos. Boulevard fue el primer anticipo, pero Nada que perder detonó la fiesta con su estribillo “no autorizado”, de parte del público. Ya con todos de pie, Home sweet home brindó el momento más bailable de la noche y el paso para una posterior pseudo-despedida. Saldrían a escena nuevamente, para tocar una versión reggae rock de Personal Jesus, de los Depeche Mode y así, darle cierre al set con Casi nunca lo vez. Palillos al aire, una reverencia al público y los aplausos se encargaron de enmarcar perfectamente la imagen final.

Después de una hora y media de show, me fui caminando por la 9 de Julio con el placer de haber escuchado reggae en su faceta más ocasional. Seguramente no habrá que esperar mucho para poder ver más de Los Pericos “unplugged".