Fidel Nadal, el primer rasta afro-argentino

Entrevista con Fidel Nadal realizada para el especial de reggae de la Revista Rolling Stone Argentina.
Fuente: Rolling Stone

Nota: Juan Morris

Foto: Santiago Filipuzzi

"¿Una foto o un autógrafo?", pregunta Fidel Nadal, adelantándose al pedido de una señora de unos 70 años que se acerca para saludarlo. "No, te quiero dar un beso, yo te cuidaba cuando eras bebé", le contesta la mujer, mirándolo como si todavía fuera un nene. "Te llevaba con el cochecito a Plaza San Martín y eras tan lindo que todo el mundo se acercaba. ¡Qué alegría que te haya ido bien!" Fidel, más que conmovido, parece algo incómodo: se quiere matar porque esto le está pasando justo frente a un periodista. "A que eso lo ponés seguro", dice después, mientras caminamos unas cuadras hasta una placita.

Fidel acaba de volver de Las Vegas, donde estuvo en la ceremonia de los Grammy Latinos compitiendo con su disco Forever Together por el Mejor Album Alternativo y con el track "Me robaste mi corazón" como Mejor Canción Alternativa. Desde que, en 2008, su disco International Love se convirtió en uno de los pocos éxitos radiales con los que el reggae local alimentó el mainstream (justo entre "Si el amor se cae" de Los Cafres y "Tú sin mí" de Dread Mar-I), Fidel trascendió la escena como referente ético y estético de un género que, en Argentina, para muchos se resumía en un rejunte de clichés: Bob Marley, el porro, las rastas y los hits de los Pericos que pasan a las cuatro de la mañana en los casamientos.

Mientras vamos caminando por las callecitas de Parque Chas, lo van a volver a parar dos o tres veces más y Fidel va a repetir la fórmula de adelantarse al pedido y preguntar si una foto o un autógrafo, con ese espíritu impulsivo y electrizado que siempre lo empujó a adelantarse a todo y que hizo de la actitud su manifiesto artístico. "El otro día, en un semáforo, un taxista me dijo: «Eh, te felicito. Dios te bendijo para que llegues»", cuenta Fidel. "Y yo me quedé pensando. Creo que uno de los ingredientes fue ése, decir: «Yo me entiendo, yo sé lo que estoy haciendo, lo que estoy diciendo, sé hacia dónde voy»."

En el 2000, cuando lanzó su carrera solista, Fidel salió armado con un sound system y sus ideas de cómo tenía que sonar el reggae argentino del presente: el problema fue que, por esos días, era un adelantado en una escena que casi no existía. Tocaba en lugares para veinte personas y, cada vez que terminaba una canción, la gente del público se miraba confundida hasta que alguno empezaba a aplaudir despacito. "No me olvido más. Yo pensaba: «No me aplaudan, les estoy dando lástima»."

¿Eso hizo que replantearas algo?

No, yo estaba en ésa contra viento y marea. Cuando tengo una idea, algo que me gusta, voy para delante. En ese aspecto soy un luchador.

Lo que siguió fue la fiebre de una década en la que grabó compulsivamente: en ocho años, sacó diecisiete discos, la mayoría editados por él mismo, en un estado de desenfreno verbal, derrochando rimas. "Fue mucho prueba y error", evalúa hoy. "Y yo hacía todo: iba, juntaba la plata, hacía los temas, grababa, iba a la fábrica, buscaba las cajas y llevaba los discos a los negocios. Eso, para mí, marcó una diferencia: imaginate el campo de entrenamiento que me armé."

No fue la única vez que Fidel se sintió fuera de época, una brecha temporal entre lo que él proponía arriba del escenario y lo que el público estaba esperando ahí abajo. "Creo que me pasó en tres o cuatro oportunidades, quizás cinco", apunta. "Vos pensá que yo hice, en 1997, con El camino real de Todos Tus Muertos, lo que hace hoy Calle 13 y se gana diecisiete Grammys", ejemplifica. Su lista también incluye cuando se fue a tocar con Mano Negra, cuando llegó al estudio de Junior Reid en Jamaica para grabar el primer disco de Lumumba, y cuando se asoció con Pablo Lescano en pleno estallido de la cumbia villera. "Yo todavía no había escuchado la música, pero enseguida supe que tenía que hacer algo con eso", recuerda. "Todas esas cosas nunca fueron muy aceptadas en su momento. Y bueno, cuando me largué de solista en 2000, ni hablar".

Hoy, sin embargo, Fidel parece estar más reconciliado con el tiempo y el espacio que habita. Con International Love de alguna manera logró sintonizar lo que quería decir con lo que el público quería escuchar y con lo que las radios querían pasar, aunque su fórmula siga siendo la misma: "Para mí, la aventura de la música es ir al estudio. Ahí, casi siempre sigo lo que me causa gracia. No soy de meterme mucho en problemas: lo que sale, sale, y lo que no, lo dejo de lado".

Y su visión del resto de las bandas que hacen reggae en Argentina también suena un poco más piadosa que antes. Un poco. "Yo estaba muy fanatizado con lo que se hacía en Jamaica, e inconscientemente pretendía que todo sonara así. Y lo que no sonaba así, no lo podía aceptar", explica. "Hoy no pretendo que nadie suene como nadie. Me gusta la música y punto".