Las cinco razones que explican la fiebre de festivales en el país

Las cinco razones que explican la fiebre de festivales en el país
Con el comienzo del Lollapalooza, en marzo arranca otra nutrida temporada de visitas extranjeras, que verá el nacimiento de nuevos shows y la consolidación de propuestas clásicas 
 
Crédito: Ilustración Ana Monti
Nota por: Andrés Krom 
7 de febrero de 2018  
Fuente: LaNacion.com
 
"Paren de venir, paren de venir/todos juntos se pelean por actuar en el país", pedía en 1995 una infame canción de la aún más infame banda The Sacados. Casi 25 años después, la avalancha de festivales y giras de artistas extranjeros parece confirmar que la Argentina se ha transformado nuevamente en un destino de paso rentable para los dioses (y demonios) de la música popular.
 
El fenómeno es global. Según la publicación especializada Pollstar, 2017 fue un año récord para la industria de la música en vivo. Las 100 principales giras generaron US$5650 millones en ingresos, que representa una suba de 15,8% respecto al año previo, mientras que la cantidad de entradas vendidas subió 10,4%, hasta 66,8 millones, con un valor promedio por ticket de US$84,63 (5% arriba).
 
La Argentina ocupó un lugar de privilegio en la lista de conciertos más taquilleros con tres giras en el Estadio Único de La Plata: U2 (US$10,9 millones en dos shows), Coldplay (US$7,5 millones en dos presentaciones) y Bruno Mars (US$4,9 millones en una actuación). Solo con los eventos programados para el primer semestre, 2018 promete volver a colocar al país en la elite del consumo musical en vivo.
 
Para muchos entusiastas musicales, hay pocas cosas mejores y más convenientes que un festival, la chance de ver a varios de sus artistas favoritos en el curso de una misma jornada. La Argentina cuenta con una variada oferta de encuentros, tanto gratuitos como pagos, dedicados al rock, el pop, la electrónica y el heavy metal, entre otros.
 
En escala, convocatoria y cartelera, la quinta edición del festival Lollapalooza tiene todos los elementos para convertirse en la cita musical del año. Se realizará el 16, 17 y 18 de marzo en el Hipódromo de San Isidro (suma una fecha respecto al año pasado) y promete reunir a unas 300.000 personas, con un cartel que incluye a más de 100 artistas, como Red Hot Chili Peppers, Pearl Jam, The Killers y The National, entre otros.
 
"Nunca se había hecho acá un festival con tan alto estándar de calidad y detalle en cada uno de sus aspectos", cuenta a LA NACION Diego Finkelstein, dueño de la productora DF, a cargo de su organización. "La gente confía a tal punto en la experiencia que se venden 150.000 entradas antes de que la gente sepa qué artista va a formar el lineup", agrega.
 
DF también organiza shows paralelos de seis artistas que integran la grilla del festival, como David Byrne, Metronomy, Oh Wonder+Zara Larsson, Volbeat, Liam Gallagher, LCD Soundsystem y Anderson Paak, estos tres últimos con entradas agotadas. Más allá del Lollapalooza, Finkelstein es el artífice de la llegada de Foo Fighters y Queens of the Stone Age (7 de marzo), Phil Collins (19 y 21 de marzo) y los ex One Direction Harry Styles (23 de mayo) y Niall Horan (6 de julio).
 
Todavía saboreando las mieles del éxito de Sé7imo Día, el espectáculo de Cirque Du Soleil con música de Soda Stereo que vendió 1,5 millones de entradas en América Latina el año pasado (400.000 en la Argentina), PopArt planea un 2018 con nuevas ediciones del Movistar Fri Music y el encuentro de música y tecnología Sónar, que importó desde Barcelona y agotó 10.000 entradas en 2017.
 
Daniel Grinbank, otro promotor histórico, también tuvo un 2017 memorable. Vendió 80.000 entradas de U2 y 50.000 de Bruno Mars y este año ofrecerá otro plato fuerte: el regreso de la banda británica de rock electrónico Depeche Mode(24 de marzo) y la leyenda del jazz Diana Krall (2 de mayo). Sin embargo, otro de sus eventos se ha ganado un lugar especial en el corazón del público local: el festival BUE, que vendió 60.000 entradas en 2017 (tocaron Arcade Fire y Gorillaz) y ya prepara una nueva edición con muchas sorpresas.
 
Además, se sumará un nuevo evento al calendario festivalero local: el Soundhearts, que encabezará Radiohead el 14 de abril. Sebastián Carlomagno, CEO de Move Concerts, revela que también tendrá escalas en Brasil, Colombia y Perú. "Tenemos una artística muy fuerte y está casi agotado, con 40.000 entradas vendidas. Este festival vino para quedarse", augura.
 
En término de visitas de peso, Time for Fun (T4F) apuesta junto a DG por el esperado retorno de un preferido del público argentino: el ex Pink Floyd Roger Waters, que traerá su última gira Us+Them en diciembre. "Es nuestra principal apuesta para 2018 -asegura Fernando Bolan, director de T4F, que también opera el sistema electrónico de venta de entradas Ticketek-. Las perspectivas son muy buenas, hace seis años que no viene. También se sumarán a nuestra programación otros artistas muy importantes".
 
El interior también tiene su cita ineludible el 10 y 11 de febrero: Cosquín Rock, que contará con The Offspring, Creedence Clearwater Revival y varios artistas locales. "En la edición 2017 vinieron 80.000 personas y este año esperamos al menos la misma cantidad de gente en dos días", dice el abogado cordobés José Palazzo de En Vivo Producciones.
 
¿Las razones detrás del furor festivalero? Van desde los particulares hábitos de consumo argentino y los vaivenes de la economía hasta la revolución digital que cambió para siempre a la industria musical.
 
1- Consumidores voraces
La recaudación récord alcanzada el año pasado en los recitales de bandas como U2, Coldplay y Bruno Mars, entre otras, parece dar testimonio de que los melómanos argentinos están dispuestos a desembolsar una buena suma en una entrada a pesar de los problemas a los que ya los tiene acostumbrados la economía local.
 
"La Argentina ha logrado varios hitos importantes en tema de recitales, tiene un consumo per cápita por show importante mayor al de Brasil si comparamos por tamaño de mercado", afirma Carlomagno, de Move. "Hay un vínculo emocional que va más allá de situaciones económicas. Si a un fan le gusta un artista, independientemente de la situación económica va a hacer lo posible para ir a verlo", agrega.
 
Con él coincide Grinbank, de DG: "Es un público muy interesado en el entretenimiento. Comparado con otros países, es un gran consumidor históricamente, incluso en los distintos perfiles artísticos."
 
Finkelstein, de DF, asegura que se trata de un público sofisticado, exigente, al que le encanta que uno le brinden un excelente servicio. "Cuando le das algo que realmente tiene altos estándares de calidad de servicio, lo aprecian y te acompañan. En el Lollapalooza tenemos un límite de 100.000 personas por día y las entradas ya están prácticamente agotadas", dice.
 
"A pesar del valor de las entradas, que van ligadas al precio que se paga por los cachet de los artistas y los costos de producción, el público argentino es fiel a la música en vivo", dice Bolan, de T4F y Ticketek. "Claro está que la gran cantidad de shows que pasan por año en la Argentina (solo en Ticketek vendemos más de 5600 por año, de todo tipo), hace que la gente sea selectiva a la hora de ir a uno y renunciar a otros."
 
Palazzo, de En Vivo, traza algunas diferencias con el público del interior. "Depende del estilo de festival -señala-. En el nuestro la gran mayoría viene del interior y tiene un perfil específico: viene con poca plata y tiene que alojarse, comer y vivir esos días ahí. No es lo mismo que cuando va a Buenos Aires, que toma un tren, bus, taxi y llega; acá hay que peregrinar".
 
"El consumidor argentino de recitales es muy pasional y fiel a las propuestas que le interesan", dice Francisco Badano, country manager de Weeshing, una plataforma de crowdfunding de bandas que trabaja con varias de las principales productoras del país. "Si uno es fan de la música, no va a dudar en gastar en la entrada al concierto de su artista preferido siempre y cuando le alcance el dinero", añade.
 
2- El "efecto Spotify"
Según un estudio de la firma PwC, los ingresos del mercado musical argentino totalizaron US$145 millones en 2016, una suba del 13% respecto al año anterior. Durante ese período (el último peritado por la consultora) la facturación de las grabaciones digitales superó por primera vez a los soportes físicos: fueron US$33 millones contra US$26 millones.
 
De acuerdo con la firma, esta "evolución inversa" se consolidará hacia 2021, con tasas de crecimiento del 27,7% para las ventas digitales y una caída del 11,7% para las obras en formato físico. En 2016, el streaming fue responsable por el 90% de los ingresos digitales (US$30 millones), con plataformas como Spotify a la cabeza.
 
PwC también da cuenta de que, a nivel mundial, los ingresos por música en vivo crecieron hasta US$24.966 millones y excedieron la facturación de las grabaciones, que totalizaron US$22.207 millones. Este nuevo escenario forzó a los músicos a salir más de gira para compensar las pérdidas.
 
La producción de conciertos también se vio afectada. "El cambio impactó en los ingresos de los artistas, que tuvieron que salir a tocar más de lo que lo hacían habitualmente. Ahora tienen que salir más de gira y, en ese sentido, las productoras empezaron a tener otro protagonismo que ha favorecido mucho a nuestra industria", dice Carlomagno, de Move.
 
Para Grinbank, de DG, "evidentemente lo digital modificó todo, desde cómo se consume la música y cómo se difunde hasta cómo se hace el marketing para promocionar un evento".
 
"El rol del productor tuvo que evolucionar y ahí está el ingenio de cada uno en tratar de buscar contenidos creativos y proyectos que puedan crecer a través del tiempo. Como todas las cosas, uno tiene que seguir profesionalizándose cada vez más. Yo invierto tiempo con todo mi equipo en ver cómo hacer mejor las cosas. Siempre vemos cómo innovar y cómo brindarle el mejor servicio al espectador, el artista y el sponsor", cuenta Finkelstein, de DF.
 
Bolan, de T4F, reafirma esta visión. "Nuestro rol se ha profesionalizado y adaptado a las nuevas tecnologías. Hoy buscamos que, además de ir a ver a su banda favorita, el fan tenga la mejor experiencia posible en el lugar del evento, brindándole el mejor servicio desde que compra el ticket hasta la finalización de cada uno de los shows", reconoce.
 
3- El dólar ¿barato?
¿El atraso cambiario ayuda a la hora de contratar talento extranjero? "Depende de cómo se mire", dice Matías Loizaga, de PopArt. "No sé si estamos atrasados, el cambio de valor del dólar afecta porque hay un desfasaje cuando se contrata al artista y cuando se sale a vender las entradas. Igualmente, en el consumo de entretenimiento, la inflación no se ve tan reflejada a veces por ser un consumo de lujo, la gente va a comprar la entrada igual. En ese sentido, veo una madurez en el mercado", explica.
 
"Es un combo", aventura Grinbank, de DG. "Hace unos años, cuando me preguntaban qué iba a pasar cuando se libere el dólar, si iba a ser muy grande el tráfico de artistas, decía que sí, pero hay que ver cómo afecta al poder adquisitivo. Debemos tener en claro que el entretenimiento viene después de la alimentación, la educación y la salud, y que, al subir estos costos, se ve reducido el consumo del área. Además, los costos locales son muy altos", añade.
 
"Sin duda ayuda un poco que el dólar se mantenga estable, sobre todo por los costos que se pagan en esa moneda, como los cachet de los artistas", señala Badano, de Weeshing, quien sostiene que "el daño que causa la inflación elimina cualquier ventaja del tipo de cambio". Y añade: "Como cualquier tipo de negocio en la economía real, lo que más ayuda es la estabilidad, de manera de poder proyectar ordenadamente".
 
Según Carlomagno, de Move, en el caso de un gran artista el cachet es en dólares, con lo cual, "cualquier devaluación va a afectar". Y explica: "Los shows que pactamos para el primer semestre de 2018 los cerramos a mitad de año o en el segundo trimestre de 2017, con un tipo de cambio que hoy está por encima de lo estipulado".
 
Palazzo, de En Vivo, vivió una experiencia similar. "Es muy difícil traer gente de afuera porque el precio de la entrada quizás no puede soportar un presupuesto de artistas internacionales -admite-. Estamos trayendo a The Offspring, Creedence y Carlos Johnson, entre otros, y el presupuesto subió muchísimo: lo compramos a $17 y ahora está a $20, fue una jugada bastante horrible."
 
Finkelstein, de DF, dice que es importante, pero que a veces no es el único factor de peso. "Es un negocio muy competitivo y uno crea vínculos y relaciones con artistas, managers y agencias que pueden generar que ellos decidan y quieran trabajar vos", asegura.
 
4- El interés de las marcas
Las grandes marcas no quieren quedarse afuera de los festivales, eventos que, por su duración, permiten acciones de branding más complejas.
 
Las cerveceras y los operadores de telefonía móvil son los más activos en este segmento y su rol puede ir del mero sponsoreo (representa cerca del 20% de los ingresos de las productoras) a la realización de encuentros propios a través de alianzas con promotores.
 
Isenbeck, por ejemplo, se alió a Move en 2017 para organizar en Obras el Rock N' Chop, un festival en el que se presentaron Eruca Sativa, Cadena Perpetua, Bulldog y Guasones, entre otros.
 
Buena se especializa en crear eventos marcarios, como el Corona Sunset, Quilmes Día de Campo y el Absolut Sommerland en Punta del Este. "Las marcas consideran que es importante la relación con la música y sobre todo con los artistas", comenta Cruz Pereyra Lucena, a cargo de la productora.
 
Entre los operadores hay dos ofertas bastante consolidadas: el Movistar Fri Music y el Personal Fest, que en ambos casos insumen un 10% del presupuesto de marketing de sus respectivas empresas.
 
"El Fri Music nació porque, para nosotros, la música es un espacio para comunicarnos con nuestros clientes de una forma más blanda y cercana", afirma Juan Podestá, jefe de Patrocinios y Eventos de Movistar. PopArt estuvo a cargo de la última edición y, a diferencia de otros festivales marcarios, como el Pepsi Music, Quilmes Rock (ambos desaparecidos) y el Personal Fest, tiene el diferencial de que es gratuito.
 
Su competidor, el Personal Fest, surgió 14 años atrás. "Es una plataforma interesante, su principal valor es el aporte a nivel marcario, como mejora la imagen de la marca Personal y el de recomendación y preferencia entre la gente. Eso te permite un nivel de engagement y experiencia con un target estratégico súper positivo con la marca y generar una relación basada en el entretenimiento", dice Silvana Cataldo, gerente de Brand Experience del operador.
 
Por su parte, Claro (el tercer competidor en el segmento de telefonía móvil argentina), ha optado por sponsorear el Lollapalooza. En ese sentido, ofrece a los miembros de Claro Club que compren un smartphone LG la posibilidad de participar de un sorteo para acceder a un abono de tres días, acceso al backstage y la chance de conocer a sus bandas favoritas.
 
5- Merchandising y más allá
Según la International Licensing Industry Merchandisers Association (LIMA), la venta global de merchandising vinculado a artistas musicales creció 9,4% en 2016 hasta US$3081 millones y representó el 1% de los productos licenciados, detrás de otras categorías, como entretenimiento (45%), corporaciones/marcas (21%) y moda (12%).
 
En nuestro país, este negocio todavía no está tan desarrollado como en el hemisferio norte pero, junto a las concesiones de comida y bebida, se está transformando en un ingreso cada vez más significativo para los organizadores de festivales y los artistas.
 
"En un show tradicional, son bastante marginales y en algunos casos, las concesiones de gastronomía son del mismo venue. Pero cuando tenés un festival la ecuación cambia -comenta Finkelstein, de DF-. En el Lolla, que arranca a las 12 del mediodía y termina a la una de la madrugada, tenemos una propuesta superamplia de gastronomía y merchandising. Se trabaja durante todo el año y es muy variada, hasta preparamos colecciones. En ese ámbito, que tenés trece horas de festival, es un ingrediente que suma".
 
Loizaga, de PopArt, comparte esta opinión: "Depende del evento, sin duda en los festivales donde hay una duración más grande el ingreso por comidas y bebidas es mayor".
 
Para Grinbank, todavía no es una cifra tan relevante como en Europa y Estados Unidos. "Las inhibiciones para la venta de alcohol son muy grandes. Para tomar en un show apto para todo público tenés que estar muy aislado, ni en Uruguay ocurre eso. Eso aísla un poco la potencialidad, aunque estos ingresos crecen en la medida que se mejora la calidad de lo que se ofrece", añade.
 
Por su parte, Palazzo, de En Vivo, dice que cerca del 40% de su facturación corresponde a sponsors y comida. "Administramos la gastronomía básica y la bebida. El año pasado sumamos feria gastronómica y concesionamos espacios para la explotación de carritos y food trucks", revela.
 
Carlomagno señala que organizar este tipo de eventos exige trabajar en estrategias para sacar el mayor provecho financiero: "Hay que poner foco en la búsqueda de nuevos ingresos comerciales, estos son negocios muy cortoplacistas, de seis u ocho meses, y todos lo que hagas en ese período hace a la eficiencia del negocio", concluye.
 
 

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