Socialismo: las raíces políticas del reggae

Lee "Che" Perry
Texto por Nahuel Messina/ @nahmessina
Fuente: Revista Cool Ruler
 
La política parece lejana, pero en verdad es aquello que circula en los espacios más cotidianos de nuestra vida. Ella no se reduce a la “rat race” protagonizada por candidatos hambrientos de poder, ni en ese sobre que cada tanto metemos en una urna para darle vida a la democracia. Ser político no se termina en militar para un partido, ni en subir posteos en las redes sociales. De una manera más profunda y limitada, ser “político” es ser dirigente con uno mismo, adoptar un rol, tomar decisiones, defender una parte, ser fiel a los valores propios y pensar estratégicamente. Hay veces que nos toca tomar posición ante un escenario que representa en mucho o poco nuestras ideas, como nos pasó a unos cuantos argentinos en las elecciones de hace unos meses; y hay otras en las que solo se trata de ser lo más coherente posible con nuestras convicciones, en lo más básico del día a día, como por ejemplo el consumo.
En el caso del reggae, es posible distinguir una fuerte voluntad política empujando desde sus estrofas. Desde este género toman fuerzas un batallón de temas recurrentes que formulan una crítica global. Las injusticias sociales, la opresión económica, el consumismo, el colonialismo, y la lucha por las libertades, son algunas de ellas. Sé que la palabra “política” molesta. Desde hace ya algunas décadas parece más negativa que positiva, más un juego sucio de unos otros que un modo para transformar nuestra forma de vida. Eso ha llevado a más de un músico a desentenderse del asunto, como si fuera una mala palabra, cuando en verdad, al componer una canción de crítica o protesta desde ciertos valores compartidos, es asumir un rol político proyectado desde el lugar del artista. Esto no quiere decir que el reggae siempre deba cumplir esa función. Como todo arte, la música está a disposición de la voluntad, el talento y la imaginación de su autor, pudiendo mutar para expresar tantas cosas como elementos tenga una cultura. Sin embargo, es un hecho que desde su origen, el reggae se forjó en un clima sumamente político. En su música aún conserva no sólo el germen de la espiritualidad rastafari y de la resistencia afroamericana; sin decirlo directamente, tal vez haya una influencia que siga marcando a este género y se relacione con una ideología que, hoy presente pero negada, le brinde sustento. 
 
La historia siempre nos da pistas para empezar a atar cabos. Remontándonos a los comienzos del reggae, aparece una figura que tuvo un fuerte impacto en la vida política y cultural de la isla. Se trata del socialista Michael “Joshua” Manley del PNP (Partido Nacional del Pueblo), quien asumió como Primer Ministro tras haber ganado las elecciones de 1972. Este, a diferencia de otros políticos, comenzó a reconocer en sus discursos a los habitantes de los guetos; un sector cada vez más visible en las ciudades, pero que se lo seguía reprimiendo duramente. Manley no solo puso en juego la idea de una distribución más justa de la riqueza; uno de sus mejores golpes lo dio llevando a cabo una campaña que hacía uso del reggae y de los símbolos rastafaris, con el fin de captar la simpatía de ese nuevo movimiento que crecía en Jamaica. Para dar una idea de esa intención, el PNP incluso llegó a tener su propio sistema sistema de sonido, llamado Socialist Roots Sound System, un aparato de propaganda partidaria móvil que ligaba el entretenimiento del pueblo con los intereses políticos de Manley. En este mismo participaron DJs como U Brown, Ranking Trevor, Jah Mikey y Nicodemus.
 
Esta idea va al hecho de que, en los setentas, más de un músico jamaiquino se vio cautivado por los valores que elevaba el PNP en su primera victoria. Max Romeo fue uno de ellos. Abiertamente socialista, le puso su voz a “Let the power fall”, tema con el que Manley llevó a cabo la propaganda de su candidatura. Este mismo artista sacaría más temas relacionados al partido, como “No Joshua no” en 1973, en el que le pedía al Primer Ministro, “su amigo”, que ahora que tenía el apoyo de la gente, no la traicione porque Rasta lo juzgaría; “Socialism is love” en 1974, que definía al socialismo como “la igualdad de derechos para todos los hombres, independientemente de su fuerza (...) El amor y la unión”; y “Revelation time/ hammer and sickle” en 1975, que al tiempo que hacía referencia al símbolo comunista de la URSS, combinaba su mensaje con la fe y la denuncia a la represión policial que sufrían los rastas en Jamaica. A pesar de expresar sus ideas políticas, finalmente terminaría declarando en esa misma canción su rechazo hacia los funcionarios.
 
Siguiendo con la lista, Junior Byles también se mostró afín a las ideas de Manley por medio de canciones como "Joshua's desire," "When will better come," y "Pharaoh hiding". Por su parte, Derrick Morgan fue el encargado de componer el tema propagandístico “People´s decision” para reelección del líder del PNP en 1976. En este afirmaba que “no importa lo que hagas, no importa lo que digas, no puedes parar a un socialista”.
Si seguimos buscando, podemos encontrar muchos ejemplos más, tan prosocialistas como los anteriores. Entre los más conocidos, está la versión del hit “Sufferer” de The Kingstonians, convertida en “We a socialist” por el mismo Jackie Bernard bajo el nombre de The Youths; el tema “Natty socialist” del DJ Dillinger; “Jah Jah bless Joshua” y “Blood dunza” de Johnny Clarke; y “Socialism train”, grabada en 1975 por The Ethiopians, por solo mencionar algunos.
 
Los gobiernos de Michael Manley (1972-1976 y 1976-1980) incidieron por completo en el clima de la Jamaica independiente. Sus ideas de izquierda, además de verse reflejadas en las medidas económicas que aplicó durante la primera etapa de su mandato, expresaban su compromiso con la comunidad negra y también con la reciente revolución de Fidel Castro. Como contrapartida, este tipo de posturas le valieron la oposición de Estados Unidos y del FMI (Fondo Monetario Internacional), generando una fuerte recesión económica en la isla, además de las amenazas de la CIA (Agencia Central de Inteligencia), que veía en Jamaica una Cuba en potencia, en medio de la polarizada Guerra Fría. Fueron años de altos grados de violencia, marcados por los enfrentamientos entre el bando de Manley y sus rivales de la centro-derecha de Edward Seaga, cabeza del Partido Laborista. A medida que pasaban los años, el reggae empezaría a relatar el punto de vista de los jamaiquinos sobre la guerra civil y también a poner en manifiesto la desilusión que causaba la gestión de Manley.
 
Ahora, pensemos el papel político jugaba la máxima estrella del reggae en este choque de fuerzas. Recordemos que en 1976, Bob Marley fue herido de bala, al igual que familiares y colegas suyos, a pocos días del concierto Smile Jamaica, donde finalmente dio su show a pesar de las lesiones. El hecho es que todavía se desconoce quién realmente pagó el atentado que provocó el éxodo de Marley a Londres. Mientras que para el bando del Partido Laborista de Seaga, el rey del reggae estaba apuntado como “amigo de Manley”, para la CIA, era un “músico peligroso”, porque sus canciones de libertad y rebeldía podían despertar a un pueblo que tenía el ejemplo de la revolución socialista a solo unas millas de la costa.
A pesar de la “neutralidad” que Marley decía sostener, principalmente por su descrédito total hacia los políticos -véase temas como “Revolution”, “Rat race”, “Ambush in the night” y “Top Ranking”, entre otras-, era clara su lucha a favor de la paz, la justicia y la repatriación de los africanos, y en contra del racismo, el imperialismo occidental y el belicismo. Marley estaba lejos del socialismo, mucho más en el sentido estricto que se le daba en la URSS, pero en sus temas podía notarse también la necesidad de una sociedad más justa. “Small axe” y “Get up, stand up” -compuesta junto a Peter Tosh- daban cuenta de ello, como “Hammer”, “Burnin´and Lootin´” y “I shot the Sheriff”, entre otras, mostraban la violencia de la que era víctima su entorno.
En ese sentido, Peter Tosh, lejos de ser un hombre de paz, sabía retratar perfectamente esa sed de justicia por parte de los menos beneficiados. “Equal Rights”, “Steppin´razor”, “Downpressor man” y “Wanted dread and alive”, ponían sobre la mesa los conflictos entre el pueblo, el poder del Estado y la presión ejercida por el mismo sistema.   
 
A medida que pasan los ejemplos, se vuelve claro que no podemos hablar de una música “apolítica”. Incluso en Reino Unido, la ola inmigratoria de los sesentas que auspició la llegada de la música jamaiquina, también dio sus frutos en lo que posteriormente fue el movimiento skinhead, de pensamiento multirracial, antifascista y representativo de la clase trabajadora. Así mismo, más de una banda se animó a relatar la vida obrera inglesa en clave de reggae. Encontramos ejemplos claros en Steel Pulse con “Handsworth revolution”, o con el jamaiquino Linton Kwesi Johnson, de profunda inspiración marxista, quien se sirvió de su dub poetry para describir la situación social que vivía ese país con la comunidad africana, en canciones como “Wat about di working class?”, “Mi Revalushanary Fren”, “Independant intervenshan” y “All wi doin is defendin´”.
 
A modo de cierre, es interesante volver a la idea de “lo político” para pensar al reggae simplemente como una música surgida desde el pueblo, marcada a fuego por el sufrimiento, por las libertades cortadas y por el deseo de vivir en una sociedad más justa. Obviamente, no hay etiquetas que le queden a la perfección. El socialismo, a pesar de contener ideas de igualdad, ha sido un nombre bajo el que se han hecho cosas terribles, incluso a contramano de su primera intención. Sería forzado ponerle un rótulo, e hipócrita sabiendo que cada artista compone desde su particular punto de vista; sin embargo, vale rescatar que, por debajo del amor y la paz, el reggae lleva una herida sangrando. Ella toma forma en la denuncia al sistema Babylon o Capitalista, que discrimina favoreciendo ciertos intereses por encima de otros. Por eso, si hablamos de una vocación política que haya acuñado a esta música en su origen, sepamos que es la de poner a la luz esa “diferencia” que opone a los hombres.
                                                                                                  
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