¿Qué hace a un icono musical?

Por Iñaki Durán

Con la reciente muerte de otra figura de la música, como lo fue, es y lo seguirá siendo Prince, nuestra cabeza empieza a maquinar, a pensar, a darle vuelta a un montón de cosas sobre este tipo de personajes. Y nos preguntamos: ¿qué es lo que convierte a estos tipos en iconos, transgresores, capos o como los quieran llamar?, ¿por qué son tan importantes para la música y la cultura popular?, ¿y por qué son tan solo algunos pocos los que logran esa santificación?
 
Cada década tuvo sus iconos, desde Louis Armstrong a Nina Simone, Ray Charles, James Brown, Miles Davis, Little Richard o el mismo Elvis, pasando por Los Beatles, Los Rolling Stones, Bob Marley, Madonna, Michael Jackson y muchos más, ¿Qué tienen en común estos seres?, ¿en qué difieren?, ¿qué los hace tan relevantes?.
 
El estatus de icono se puede lograr, al parecer, de diferentes maneras, pero la clave es la transgresión de los limites, ir contra lo establecido, romper moldes y superar las consecuencias que estas acciones puedan ocasionar, las acciones de ser un disruptivo de la música y la cultura popular.
 
Pero esa transgresión debe venir acompañada de argumentos y contenido, que justifiquen tal acción, porque la pose en su estado más crudo, no basta para pasar los límites de lo común, solo construyen un cliché, una mera apariencia de algo que no es.
 
La música de estos tipos puede marcar un quiebre temporal, en su época, o atemporal, con un reconocimiento posterior, por ende, puede llegar tanto en vida como después de ella. Muchas veces estos personajes no llegan a gozar de su reconocimiento en vida, y muchas veces esto los eleva aún más, por el enigma de su misma muerte, y por el legado que dejó en vida.
 
¿Pero qué es realmente lo que diferencia a estos ídolos?, ¿de qué manera se transgrede?. Como decíamos, esto se puede dar de diferentes maneras. Por ejemplo, el de ser un impulsor de un género, o el que a ese mismo género lo lleva a un nivel superior. Como es el caso de Louis Armstrong en el jazz, que fue su cara visible y abanderado de este sonido por muchos años, sumado a su talento y carisma, lo que lo convirtió en el promotor perfecto. Pero que tiempo después, este mismo género, encontró a tipos como Miles Davis o John Coltrane, que lo llevaron a otro nivel, rompiendo estructuras, su purismo, su manera de tocarlo e interpretarlo, sin tanto carisma pero con una determinación para lo experimental al borde de la locura y demencia total, poniendo no solo en juego su salud mental sino también su salud física.
 
Partiendo de esta base, podemos nombrar a Ray Charles, que a pesar de su historia, su ¿incapacidad?, logró no solo ser un talentoso y uno de los mejores intérpretes de la música popular, sino que tuvo el coraje o la inconsciencia de romper los valores de la música sacra afroamericana como el gospel para llevarlo al campo de lo popular, dándole a la sexualidad y al placer un espiritualidad que nunca había tenido. Pagó el precio, convirtiéndose en una figura pagana,, no solo por esto, también por poner arriba de la mesa temas tabúes en aquel entonces como el racismo, y a su vez haciendo valer al artista negro en la industria musical. Pero la demanda por escucharlo era más fuerte que todos esos obstáculos.
 
Acá podría entrar otro personaje como James Brown, siguiendo la línea de Ray, demostrando que se puede ser un artista comprometido con lo social pero a su vez, entretener, ofrecer un sonido renovado, crudo pero vivaz, que mientras te hacía bailar, te metía sutilmente en la cabeza una ideología resistida, prohibida. Y hablando de ideología, la podemos nombrar a ella, Nina Simone, que murió pagando el precio de exponer lo que pensaba en una industria que no la quería escuchar y le daba la espalda, no solo a ella sino a su soberbio talento.
 
Pero si de rebeldía hablamos, no nos podemos olvidar de Little Richard, que le enseñó a los blancos a tocar rock para que luego un sinfín de artistas lo intenten imitar. Pero la copia no es vulgar cuando pasa por grupos como Los Rolling Stones o Los Beatles, que cada uno con su identidad le supieron dar una vuelta más a este género que hoy es una vertiente madre de la música contemporánea. Rebeldía, sexualidad, experimentación... le mostraban a los jóvenes que pertenecían a una sociedad que los quería obedientes.
 
Y si hablamos de desobediencia, aparece el gran Bob Marley, que desde una pequeña isla del caribe alzó la voz de los esclavos a través de una melodía con cadencia, que te hacía mover los pies y la cabeza, para mejorar la digestión de millones de mentes africanas y de otras etnias dispuestas a escuchar, ante un mensaje áspero y real, que había estado en silencio por mucho tiempo pero que se convirtió en un lenguaje universal llamado reggae.
 
Podemos nombrar a muchos más, por supuesto, como el mismo Prince, Madonna, Michael Jackson y otros que de alguna manera han destapado esa olla de conformidad, que han derribado tabúes de todo tipo para hacerles llegar de una u otra manera un mensaje a la gente, mensaje de liberación de esas cadenas físicas y mentales que la sociedad dominante nos ha querido imponer.
 
Porque los pueden combatir con violencia, con indiferencia y hasta convirtiéndolos en una moda, pero ellos siempre sobrevivieron, se impusieron, y llegaron verdaderamente a la gente, a nivel emocional, mental o físico... porque el mensaje no es algo escrito, algo sonoro... el mensaje es todo lo que le llegue a la gente, no importa el como.
 
El icono es un mensaje hecho persona, es un portador de sentimientos, un transmisor de pensamientos codificados para quien los quiera decodificar.