Cultura Profética, meditación lunar

Texto por Iñaki Durán

Fotos por Sergio Carluccio

 

Intentar escribir una crónica de lo que pasó el miércoles 16 de diciembre en el Estadio Luna Park sería caer en una obviedad y una repetición para la que ya no estamos. Por este motivo, más allá de un breve remarque de las situaciones ocurridas, les vamos a hablar sobre lo que vimos y sentimos, porque a los Cultura Profética ya los conocemos y sabemos lo que pueden hacer.

 

Con un público acostumbrado y no tan eufórico como anteriores veces, la noche se trató pura y exclusivamente de escuchar. Antes de seguir, debemos hacer énfasis sobre la palabra "escuchar", que a diferencia de "oír", amerita un proceso más complejo donde no solo el oído sino otros sentidos y partes del cuerpo toman relevancia. Hay un proceso cognitivo generado en este caso por la música, la de Cultura Profética.

 

 

Mientras desde arriba del escenario se sucedían una cadena de hits, algún que otro tema del cajón de los recuerdos y temas nuevos de la banda boriqua, desde abajo ya se veían esas caras de relajación, de goce, de al fin luego de más de un año ver de nuevo a esta agrupación de músicos que dejan todo en pos del disfrute, de ellos y de la gente.

 

Si algo nos faltaba a los argentinos, era sonreír, por todos estos momentos truculentos que está atravesando nuestro país. Nos olvidamos de los demás, o los vemos como un enemigo, siempre enojados, quejosos, estresados... por eso, estos momentos como los de ayer son necesarios, porque entre tanto ambiente caldeado, no debemos olvidar como disfrutar de la vida. Y la música está para eso, para sanar, para atravesar momentos, para alivianar penas, solos o acompañados.

 

Vaya a saber uno que pasaba por la cabeza de esos millares de personas amontonadas, pero si algo sabemos es que había una sintonía en común que los llevaba a todos a coincidir en algo, el placer de estar viendo una banda que regala en cada acorde, melodía, arreglo y silencio una muestra genuina de amor, de entrega, transparencia y humildad que logra de alguna manera reconfortar a quienes los escuchan.

 

 

Y como esa medicina no tradicional, los Cultura nos devolvieron esa sonrisa momentánea, con un show tremendo de casi tres horas, en donde saciaron el alma y la mente de los más fanáticos hasta los más recientes adeptos. Desde el principio hasta el final, se abrió ese diálogo entre la banda y la gente, moderado por Willy Rodriguez, en donde cada uno tuvo su momento para expresar lo que tenía para decir, a modo de canción, de baile, de grito, de coreo, gestual o espiritual.

 

Como templo oriental, el Luna Park, albergó este gran momento espiritual, tántrico, mántrico que se convirtió en un extenso proceso de meditación, meditación lunar.

 

 

Comentarios

asi se vivió, nunca mejor puesto en palabras!

Ni más,ni menos de lo que dice aqui. Una noche inolvidable! Saludos

Palabras q te llegan al alma,
q te dejan tecleando en una parte olvidada de tu cabeza,
q activan ese ser q siempre estuvo en vos,
q te da vida.
Gracias Cultura, nuevamente gracias! Un placer volver a escucharlos!