Ali A.K.A. Mind, el sobreviviente del rap

Entrevista por Lucas González
 
Oriundo de Colombia, Ali Rey Montoya supo hacerse de una buena reputación en la escena urbana, en primera instancia, como un renombrado skater local. Abandonada su carrera como deportista extremo (sufrió de lecciones importantes), Ali partió de su país natal en búsqueda de su camino, de su real vocación. Vivió algunas temporadas en Ecuador, donde estudió música y de a poco fue forjando su nueva identidad, por la que terminaría siendo reconocido en gran parte de Latinoamérica: Ali A.K.A. Mind.
 
Pero si su paso por Ecuador fue de formación, su estadía en Argentina, que bordeó los diez años, fue de consagración. En nuestro país consolidó su estilo, lejos del rap gansta y de la soberbia del género, publicó tres disco entre 2008 y 2014: Rap Conciencia, Palabras del Alma y Mestizo. No obstante, la vuelta a Bogotá coincidió con la publicación su flamante álbum, Sobreviviente (2016): un trabajo bien producido, con un sonido prolijo y una métrica que se impone por su precisión. 
 
-¿Cómo te encuentra este presente?
 
Muy bien. Me encuentro en un gran momento de mi vida. Tengo el placer de volver a Buenos Aires, después de un año, de estar lejos de esa tierra que me tuvo diez años cómodamente viviendo. 
 
-Luego de muchos años, te volviste a instalar en Colombia. ¿Por qué?
 
Básicamente, el tema fue la familia. Mis viejos están grandes, por ejemplo, y mi hija, que es argentina, no podía ir a cumpleaños de su prima. Son cosas que te motivan a volver. Sin embargo, en Argentina generé lazos muy bonitos, tanto que se arraigó en mi vida.
 
 
-¿Qué fue lo que más te costó dejar de acá?
 
En realidad, fueron varias. Al principio, cuando apenas llegué, había muchas cosas que me parecían súper extrañas. Fue la misma sensación que sentí cuando volví a Bogotá. De Argentina extraño los amigos, el asado, el fernet, que acá no se consigue, los domingos de fútbol, que haya cambios de clima. 
 
-Si no centramos en el título de tu nueva placa, Sobreviviente, habla de un pasado. ¿A qué sobreviviste? 
 
Inicialmente, creo que a los prejuicios. Y no hablo sólo del rap como género, sino de los prejuicios de la familia, que no creía que hacer música y rap podría ser algo positivo y productivo. A partir de ahí, he sobrevivido a una cantidad de cosas. También a que me digan que cuando me fuera de Colombia la pasaría mal, pero no fue así, todo lo contrario. He sobrevivido a mis propios miedos y las propias cárceles mentales, que nacen con uno, porque son idiosincrasias de un país. Además, si miras las carátulas del disco, es un niño, pequeño zorrito, que sobrevivió al sueño, que empezó con el viaje, que resistió al ser humano que un día decidió irse y que volvió y sobrevivió a todo eso. 
 
-Producto de esas adversidades, ¿te planteaste la posibilidad de abandonar la música?
 
No. Siempre que tuve un trabajo que no era la música (en Argentina fue cadete, por ejemplo), sabía que era una forma de conseguir dinero para mantener lo que quería hacer. La música nunca tuvo la culpa de nada. Entonces, la música es mi amor platónico, no podría alejarme de ella. 
 
-En ese día a día, ¿qué dejaste en el camino, qué resignaste para logra tu adjetivo?
 
Fui dejando la vergüenza, el miedo, los prejuicios. Con el paso del tiempo, por ejemplo, dejé mi trabajo estable para poder dedicarme 100 por ciento a la música. También dejé mi país, porque el sueño  era viajar y contar lo que veía por Latinoamérica.
 
-Una de las premisas, mencionaste, es tratar de ser lo más natural posible. ¿Cuánto cuesta en la industria?
 
Lo que cuesta es que encaje lo natural. Porque si bien ahí yo no me puedo quejar, tengo un público muy bonito y a los lugares a donde voy siempre la gente que va tiene una energía muy chévere, pero cuesta mucho ser natural en un mundo donde el rap escuchado y el que se pone en los medios de comunicación masivo es lo más degradante. Personalmente, apuesto por el tema de la identidad, por el del respeto a lo propio, a la autóctono, a lo nativo. Creo que bajo ese concepto he tratado de llevar mi carrera, de ser natural y dejar que pasen las cosas después.
 
 
-En tu primer disco, luego de un incidente, tuviste que rehacerlo, y te sorprendió el resulto, pese a lo expeditivo. ¿Cómo fue el caso de Sobreviviente? 
 
Traté de salirme de mi zona de confort. Me mudé para Colombia, pero me traje algo de música ya hecha de Argentina, pero en realidad la producción la hice acá. Las letras las hice en tres o cuatro semanas, la mezcla en tres. Fue todo a cuenta reloj, porque me lo puse como meta. Y también quería que este disco tuviera el toque de escribir cada canción en el momento, que quede con el sentimiento impregnado.
 
-Sos conocido por tener una gran disciplina de trabajo. ¿Puede a veces ser una contra a la hora de crear?
 
Dejo que todo fluya, como tiene que suceder a veces. Hay momentos en los que me comprometo con locuras, como la de Sobreviviente. Me gusta estar trabajando y que la creatividad lo encuentre a uno en el lugar de trabajo. Pero dejo que fluya, yo no me obligo. Sólo lo hago cuando tengo que entregar, por ejemplo, pero me obligo y trato de sacar lo mejor hay en el momento. Pero trato que lo demás fluya naturalmente, que sí hoy quiero escribir una canción y me sale hoy, chevere. Si hoy sólo escribí dos líneas, chévere también.
 
-Hablando de canciones, en “Bife de Chorizo”, apuntas contra la escena. 
 
Sí claro, es que el hip hop tiene eso, porque cuenta con muchos condimento de competencia. Hoy en Argentina está más en auge el tema del freestyle, acá es un poco menos. Pero veo que todos se pelean por el bife, todos buscan el bife. El bife es como insultar a tu oponente, buscar la manera de descalificar. Entonces, yo me hice un bife de chorizo, que me parece que es el más rico (risas). 
 
-Otra que llama la atención es “El Atraco”, en el que relatas una situación de robo que termina de manera violenta.
 
Salió a partir de un cúmulo de situaciones. Porque incluso esa misma situación la vi en Argentina, no en carne propia, pero sí supe de amigos que tuvieron que agarrar un ladrón. Pero la violencia no es una situación que sólo atañe a Colombia, sino que toca muchos países de Latinoamérica y del mundo. A partir de ahí tomé la decisión de escribirla, pero también de ponerme en los dos lados, y al final tratar de hacer una pequeña reflexión de lo que pienso al respecto. Creo que ha sido una canción que escandalizó a muchos, porque piensan que tomo y realmente no es así. Todos sabemos que está pasando y es un mensaje para que la gente tome de conciencia al respecto y que podemos protestar por muchas cosas, no sólo cuando nos roban el celular y la cartera.
 
 
-La violencia, es un tema que atraviesa el disco. 
 
Crecí en Colombia, donde la violencia siempre estaba. Los medios de acá nos han acostumbrarnos a la violencia, como si fuera algo natural y normal. En estando ya en Argentina, me parecía súper gracioso ver que la gente se alarmara muchísimo por el robo de un kiosco. Les decía a mis amigos, ese tipo de noticias en mi país ni siquiera ameritan salir en un noticiero. Pero a la vez entendía la situación de violencia que nos han inculcado los medios de comunicación. 
 
-En 2016, el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC llegaron a un acuerdo de paz. ¿Cómo recibiste el acontecimiento?
 
Creo que el tema de la paz y la no paz es bastante ambiguo, hay que tomarlo con pinzas. Obviamente todos debemos estar de acuerdo con la paz. Si todos apostamos a la paz, que se está agotando, le demostramos al mundo que estamos buscando al mundo que pase. Lo que pasa es que en Colombia la clase política ha perdido mucho la credibilidad. Entonces, la gente si divide, se polariza las opiniones y eso hace que suceda lo que pasó, que la gente termine votando por el no, porque está asustada. Es todo una especulación. En todo este tiempo he apostado a llevar la paz conmigo, a tratar de no exaltarme por cualquier cosa, tratar de comportarme de manera correcta, para generar por ese lado. 
 
-Mencionabas la polarización, y Argentina debe ser uno de los países más polarizados.
 
Claro, diez años viviendo en Argentina me sirvieron para aprender no solo de la sociedad en sí, sino también de la sociedad como instrumento político. De argentina obviamente me di cuenta que era un país súper polarizado, pero también me di cuenta que era un país capaz de tomar la decisión de parar con la corrupción, de mostrarse inconforme por algo. Nunca hice parte por ninguno de los dos bandos, pero me parece que defender políticos a esta altura de la vida es complicado, porque siempre hay algo detrás, algo oscuro. Pero sí, obviamente estaba mucho más de acuerdo con el anterior gobierno que con el actual.
 
-Al principio mencionaste al niño de la tapa, pero ¿qué crees que opinaría sobre el Ali de 2017? 
 
Primero creo que estaría sorprendido. Segundo, creo que se sentiría muy orgulloso, porque era una utopía básicamente al inicio y se pudo. Y creo que sentiría que todo lo que hizo, el tiempo que le dedicó a las cosas, valió la pena para él mismo y para su gente.
 

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