Alfa Mist, el nuevo rey del estructuralismo musical

 
La escena del jazz en el Reino Unido está explotando y alcanzando niveles increíbles, con representantes dignos de analizar y festejar. Alfa Mist es uno de ellos y dio un show de primer nivel en el cierre del Copenhagen Jazz Festival.
 
Por Iñaki Durán.
 
Luego de la camada proveniente de los Estados Unidos que ha puesto el jazz nuevamente en su lugar, dígase Robert Glasper, Kamasi Washington, Terrance Martin, Christian Scott, y el mismísimo Thundercat, entre otros… una nueva generación asoma aún más diversa, aún más genial y el epicentro de este terremoto está hoy en Londres.
 
Desde Yussef Dayes, Kamaal Williams, y otros un poco menos ortodoxos como Tom Misch, Jordan Rakei y compañía se animan a jugar con el jazz en todas sus variantes. Como centro gravitacional, como un mero recurso o como algo puramente experimental. Alfa Mist ocupa un lugar muy importante, y lo demostró en este gran show que tuve el lujo de presenciar. Si bien su catálogo musical es muy rico y variado, en donde podemos encontrar una fuerte influencia del hip hop, el pianista hijo de ugandeses, es el que mejor representa al jazz tradicional.
 
 
¿A qué voy con esto? Una estructura organizada en donde cada uno tiene un rol, cada uno tiene su momento. Alfa Mist tiene un talento increíble a la hora de hacer música con sus experiencias, con su sentir. En cada acorde, en cada melodían, aunque nadie cante podemos saber muy fácilmente a que evoca cada tema. Por nada su último disco se llama Estrcuturalism (Estructuralismo), porque su música es justamente eso, experiencias de vida metidas adentro de una estructura musical perfectamente compuesta.
No le hace falta acaparar toda la atención, o mostrar constantemente sus dotes. Respeta los momentos de los demás, casi como un expectador, y cuando le toca demuestra de una manera muy minimalista y modesta lo que puede hacer con sus dedos en las teclas.
 
Toda generación necesita un Alfa Mista, como toda generación necesita un Yussef Dayes, un Kamaal Williams, y cualquier que le aporte personalidad y versatilidad a un género que no tiene limites, solo libertad.
 
El jazz vuelve adonde se merece, llega para apaciguar los excesos de una industria musical que se perdió en sí misma, en su ego, en su marketing, en su superficialidad.