Los 25 años de Cafres en Monterrey

Por: Victoria Victoria (Corresponsal en México)
Fotografía: Barsuk (Corresponsal en México)

Mejor que buscar conseguir una charla con uno de los personajes principales de esta historia, yo les pregunto a ustedes, los verdaderos protagonistas de está crónica, ¿Qué se siente cuando se vive a Los Cafres? Sí, se vale responder.

Teniendo aún fresco lo sucedido el fin de semana, me llega el dato de que estamos ya a 10 años de la primera visita de Cafres en Monterrey. La retrospectiva me cuenta un lleno igual de increíble como el que hubo el viernes: más de 3/4 de la capacidad del recinto.

¿Cuántos años hace que conoces a Cafres? Para mi son 7. Pocos, a comparación de los años reales que están celebrando y que son los mismos que lo que tengo de vivir. Pero ahora vienen a celebrar su 25 aniversario y días antes me he dado una refrescada con su último disco: “25 años de música!”

Todas las ocasiones anteriores en las que he podido ver a la banda han tenido lo mismo en común: la lozanía de Guillermo Bonetto que hace sentir que ese cuarto no le ha pasado por encima. 

Pero hoy los veo con ojos críticos. Quiero (intentar) apreciar cada detalle desde todos los oídos y ojos que los observan, no tanto desde mi perspectiva. Admiro la puntualidad, que es lo primero que aprecio cuando entro al EscenaGuyarati está por terminar de tocar y pasa la estafeta a Melodycans, locales que enloquecen en la capital del país y que esta noche buscan un resultado similar con los asistentes regios.

Las luces se van y vuelven para recibir a Viento Roots. Escucho gritos dispersos, intento moverme entre las personas y observar su reacción. Veo caras desconocidas que bailan por inercia, pero también oigo a la gente cantar entusiasmada a pulmón. Los veo también tomar fotos y compartir en Instagram. Para ese momento, los presentes van en su segundo o tercer litro de cerveza.

Los Cafres toman sus lugares a oscuras. Las voces en el público corean su aparición. Empieza la música y, pasando por alto su primer interpretación, la gente arranca oficialmente el concierto con el latigazo de “Suena la alarma”. Cada nota que la boca de Bonetto procesa y homologa en letras logra hacer cantar a muchas voces, y sus músicos, que no son menos, terminan de inflar la burbuja que estamos a punto de romper conforme tiran canciones. Pasan los minutos con “Es la música”, “Mostrame como sos”, “Imposible”, “El Ángel”, cuando derrepente, sueltan la bomba de “Waitin in vain”. Cuando intento mantener la atención, me he dado cuenta que he bajado la guardia y ahora soy una más que grita y canta al unísono, después de un rato me he olvidado del orden de las canciones, pero recuerdo escuchar “Perla en mi vida”, “Kaos”, “Dale!”, “De mi mente”, “Aire” y “Momento”.

Todos los convocados tenemos una interrogación en el rostro después de la hora y media que hemos estado allí. Vemos al staff llevarse uno a uno los instrumentos y es entonces cuando sabemos que la noche ha terminado y hay que desalojar antes de las 2 am. Corren rumores de que la banda regresará pronto...